La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
Hoy es 31 de diciembre. Último día del mes y último día del año.
Mirado racionalmente, no deja de ser un día más -como los otros- con cosas buenas y menos buenas. Un día de 24 horas, con su mañana, su tarde y su noche, su luz y su sombra, su amanecer y su crepúsculo. Nada a destacar.
Sin embargo, social y emocionalmente, la apreciación del mismo cambia. Se termina un año y damos la bienvenida a otro nuevo. Y esto nos coloca, inevitablemente, en una valoración de lo pasado. Y nos sale pedir que el nuevo sea un poquito mejor y que se arregle lo que se tenga que arreglar para que la vida transcurra tranquila y feliz.
Personalmente en este día me gustaría dar carpetazo a esas situaciones que se han ido enquistando por falta de tiempo o ganas para resolverlas; rematar asuntos meramente enhebrados y aquellos a punto de concluir; saldar las cuentas del balance emocional. Y afrontar lo que venga con energía y con aceptación.
Pero, sobre todo, este último día merece un GRACIAS. Gracias por lo vivido, por lo compartido, por lo aprendido, por los buenos ratos y las malas experiencias, las muestras de cariño y las zancadillas, los abrazos y las tortas… Todo ello ha constituido, sin duda, una oportunidad de crecer.
Gracias a los que han llegado a mi vida para quedarse y a los que se han ido provisional o definitivamente. Sea como fuere, todos han formado parte de mi historia y, por ellos, he llegado hasta aquí.
Gracias, especialmente, a los que me quieren. Ellos son los que, de forma más clara, me hacen mejorar y mirar la vida con confianza.
Todavía no hay comentarios
Esperamos el tuyo