La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
Cuando un acontecimiento nos zarandea la vida tardamos un tiempo en volver a nuestro sitio, a nuestro centro, a la normalidad de nuestros días. Necesitamos centrarnos en lo cotidiano para que todo fluya de nuevo de la manera prevista.
Últimamente no dejo de preguntarme qué es lo normal. Y creo que muchas veces confundimos lo normal con lo tranquilo.
¿Por qué no va ser normal vivir con ciertos altibajos? ¿Quién ha dicho que una vida en tonos grises sea normal? ¿Cuándo aprendimos que lo que no se sale de la línea es lo normal y eso es a lo que tenemos que aspirar para sentirnos seguros? ¿Por qué lo normal tiene tan poca luz y los acontecimientos extraordinarios nos deslumbran?
Volver a la normalidad no es más, creo yo, que volver a la tranquilidad. Y volver a la tranquilidad no es más que querer controlar la realidad. ¡Como si a estas alturas no supiéramos ya que no controlamos nada, que se nos va la vida queriendo atar y amordazar lo que, por definición, es incontrolable!
Creo, sinceramente, que en la vida lo único normal es vivir cada acontecimiento como venga, encarando y aceptando las novedades cotidianas, nos gusten o no. Estar en su sitio es estar, en definitiva, viviendo lo que en cada momento toque.
No necesitamos un tiempo para recuperar lo perdido. Necesitamos un tiempo para aceptar lo que nos ha llegado.
No se trata de volver a ningún lado. Se trata, simplemente, de estar presentes y conscientes en nuestra vida.
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