El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
Blog
martes, 4 de abril de 2017

Qué hacer con los sentimientos

Enrique Martínez Lozano
Psicoterapeuta


La inteligencia emocional se define como la aptitud para identificar, comprender, razonar y regular las emociones, pasando de la lejanía e ignorancia a una conciencia cada vez más lúcida de los propios estados emocionales, sus causas y su gestión adecuada.
De un modo sencillo, la relación adecuada con los propios sentimientos puede sintetizarse en dos palabras: aceptación (no-represión) y no-reducción.
El primer paso consiste en la aceptación de todos los sentimientos que aparecen en nuestro campo de conciencia: aparte de ser no-voluntarios, todos ellos tienen un porqué. La aceptación significa sencillamente el reconocimiento sereno de su existencia y su presencia en nuestra vida.
Cuando no hay aceptación, lo que se vive, con mayor o menor intensidad, es represión, hasta el punto de perder el contacto con ellos, llegando a no saber qué es exactamente lo que se siente ni lo que se quiere. Ahora bien, la represión camufla y niega los sentimientos, pero no los elimina. Lo que ocurre entonces es que la energía reprimida –todo sentimiento o emoción es un caudal de energía activa- debe buscar otro cauce de salida. Puede llegarse a una “explosión” emocional, en la que la persona se siente desbordada por tanta energía reprimida. O, más frecuentemente, esta se manifestará en somatizaciones, produciendo problemas físicos: fatiga inexplicable, hipertensión arterial, enfermedades cardíacas, trastornos intestinales, problemas de la piel… Lo que ocurre en la llamada “somatización” es que el cuerpo grita lo que la mente calla.
Es importante recordar que lo realmente perjudicial no son los sentimientos “negativos”, sino la supresión (represión) de los mismos por parte del cerebro cognitivo. Los sentimientos no hacen daño; hace daño lo que hacemos con ellos, particularmente la represión (negación), la reducción o la cavilación en torno a los mismos.
Ahora bien, el reconocimiento de los sentimientos no significa dejarse conducir por ellos; eso equivaldría a dejar las riendas de la propia vida en manos de un niño de tres años. Por eso, junto con la aceptación, la actitud sabia pasa por la no-reducción a los mismos.
La sabiduría del no-reducirse implica, por un lado, el reconocimiento de que siempre somos más que los sentimientos que se despierten, hasta el punto de que podemos reconocer que tenemos un determinado sentimiento, pero que somos más que él. Por otro lado, esa misma sabiduría nos lleva a conectar, consciente y voluntariamente, con lo mejor de nosotros mismos, con el “lugar” adecuado del que brote nuestra acción.
Por decirlo brevemente, acertamos en la relación con nuestro mundo emocional cuando reconocemos, aceptamos y nombramos todos nuestros sentimientos, pero los acogemos desde nuestra identidad profunda, sin negarlos ni reprimirlos y sin dejarnos conducir por ellos. Teniendo en cuenta el conjunto de nuestra persona, decidimos en fidelidad a quienes somos en profundidad.
Más en concreto, por lo que refiere a los sentimientos “positivos”[1], se trata de sentirlos y entrar conscientemente en contacto con ellos: son el “reflejo” de nuestra realidad profunda. Sentimientos de paz, alegría, amor, cercanía, solidaridad, unidad, creatividad…, manifiestan y expresan lo que somos: sentirlos e impregnarnos de ellos fortalecen nuestra verdadera identidad. 
Los sentimientos “dolorosos” requieren un tratamiento diferente, en el que habrá que tener en cuenta estos pasos: identificarlos, nombrarlos, verbalizarlos, aceptarlos, no reducirse a ellos, comprender (descifrar) de dónde vienen y vivirlos desde la identidad profunda. Es precisamente esta identidad profunda la que, constituyendo nuestra “plataforma” de solidez, permite no reducirnos, porque nos hace experimentar que somos “más” que ellos.
En realidad, se trata de desarrollar actitudes constructivas frente a todo aquello que puede hacernos sufrir. Entre ellas, indicaría las siguientes:
1) acogerse a sí mismo, frente al rechazo de sí y la autoculpabilización;
2) aceptar lo que nos hace sufrir sin reducirnos, frente a la negación del problema y al hundimiento; 
3) dialogar con el niño o la niña interior, frente a la lejanía de sí;
4) desdramatizar, frente a la tendencia a la dramatización; 
5) traducir el malestar en dolor, frente a la huida y el funcionamiento imaginario; 
6) des-identificarse por medio de la observación, frente a la autoafirmación del yo.
lunes, 3 de abril de 2017
domingo, 2 de abril de 2017

Entrevista a Richard Davidson

Ima Sanchís
La Vanguardia, marzo 2017

Richard Davidson, doctor en Neuropsicología, investigador en neurociencia afectiva
Nací en Nueva York y vivo en Madison (Wisconsin), donde soy profesor de Psicología y Psiquiatría en la universidad. La política debe basarse en lo que nos une, sólo así podremos reducir el sufrimiento en el mundo. Creo en la amabilidad, en la ternura y en la bondad, pero debemos entrenarnos en ello
 “La base de un cerebro sano es la bondad, y se puede entrenar”
Ciencia y amabilidad
Su investigación se centra en las bases neuronales de la emoción y los métodos para promover desde la ciencia el florecimiento humano, incluyendo la meditación y las prácticas contemplativas. Fundó y preside el Centro de Investigación de Mentes Saludables en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde se llevan a cabo investigaciones interdisciplinarias con rigurosidad científica sobre las cualidades positivas de la mente, como la amabilidad y la compasión. Ha cosechado importantes premios y está considerado una de las cien personas más influyentes del mundo según la revista Time. Tiene multitud de investigaciones y varios libros publicados. Ha ofrecido un seminario para Estudios Contemplativos en Barcelona.
Yo investigaba los mecanismos cerebrales implicados en la depresión y en la ansiedad.
...Y acabó fundando el Centro de Investigación de Mentes Saludables.
Cuando estaba en mi segundo año en Harvard se cruzó en mi camino la meditación y me fui a la India a investigar cómo entrenar mi mente. Obviamente mis profesores me dijeron que estaba loco, pero aquel viaje marcó mi futuro.
...Así empiezan las grandes historias.
Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Y cuando desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan sólo dos horas.
¡En dos horas!
Hoy podemos medirlo con precisión. Llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes.
¿Y la expresión de los genes cambia?
Sí, y vemos como en las zonas en las que ha-bía inflamación o tendencia a ella, esta des­ciende abruptamente. Fueron descubrimientos muy útiles para tratar la depresión. Pero en 1992 ­conocí al Dalái Lama y mi vida cambió.
Un hombre muy nutridor.
“Admiro vuestro trabajo, me dijo, pero considero que estáis muy centrados en el estrés, la ansiedad y la depresión; ¿no te has planteado enfocar tus estudios neurocientíficos en la amabilidad, la ternura y la compasión?”.
Un enfoque sutil y radicalmente distinto.
Le hice la promesa al Dalái Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas en ningún estudio científico.
¿Qué ha descubierto?
Que hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento.
¿Y qué tiene que ver eso con el cerebro?
Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes.
¿Y la ternura?
Forma parte del circuito de la compasión. Una de las cosas más importantes que he descubierto sobre la amabilidad y la ternura es que se pueden entrenar a cualquier edad. Los estudios nos dicen que estimulando la ternura en niños y adolescentes mejoran sus resultados académicos, su bienestar emocional y su salud.
¿Y cómo se entrena?
Les hacemos llevar a su mente a una persona próxima a la que aman, revivir una época en la que esta sufrió y cultivar la aspiración de librarla de ese sufrimiento. Luego ampliamos el foco a personas que no les importan y finalmente a aquellas que les irritan. Estos ejercicios reducen sustancialmente el bullying en las escuelas.
De meditar a actuar hay un trecho.
Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento.
Ahora quiere implementar en el mundo el programa Healthy minds (mentes sanas).
Fue otro de los retos que me lanzó el Dalái Lama, y hemos diseñado una plataforma mundial para diseminarlo. El programa tiene cuatro pilares: la atención; el cuidado y la conexión con los otros; la apreciación de ser una persona saludable (encerrarse en los propios sentimientos y pensamientos es causa de depresión)...
...Hay que estar abierto y expuesto.
Sí. Y por último tener un propósito en la vida, algo que está intrínsecamente relacionado con el bienestar. He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca.
¿Cómo se puede aplicar a nivel global?
A través de distintos sectores: educación, sanidad, gobiernos, empresas internacionales...
¿A través de los que han potenciado este mundo oprimido en el que vivimos?
Tiene razón, por eso soy miembro del consejo del Foro Económico Mundial de Davos, para convencer a los líderes de que hay que hacer accesible lo que sabe la ciencia sobre el bienestar.
¿Y cómo les convence?
Mediante pruebas científicas. Les expongo, por ejemplo, una investigación que hemos realizado en distintas culturas: si interactúas con un bebé de seis meses a través de dos marionetas, una que se comporta de forma egoísta y otra amable y generosa, el 99% de los niños prefieren el muñeco cooperativo.
Cooperación y amabilidad son innatas.
Sí, pero frágiles, si no se cultivan se pierden, por eso yo, que viajo muchísimo (una fuente de estrés), aprovecho los aeropuertos para enviar mentalmente a la gente con la que me cruzo buenos deseos, y eso cambia la calidad de la experiencia. El cerebro del otro lo percibe.
Apenas un segundo para seguir en lo suyo.
La vida son sólo secuencias de momentos. Si encadenas esas secuencias, la vida cambia.
El mindfulness es hoy un negocio.
Cultivar la amabilidad es mucho más efectivo que centrarse en uno mismo. Son circuitos cerebrales distintos. A mí no me interesa la meditación en sí misma sino cómo acceder a los circuitos neuronales para cambiar tu día a día, y sabemos cómo hacerlo.
sábado, 1 de abril de 2017

Lo que viene, conviene

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


La frase no es mía, aunque la repito tanto que hay quien cree que soy su autora. Yo se la escuché por primera vez a Enrique Martínez Lozano que, a su vez, dice que la aprendió de su abuela. La he encontrado, versionada, en Nisargadatta, Ernesto Cardenal y otros muchos sabios de hoy y de antes.
El caso es que, independientemente de su autoría, encierra una gran sabiduría. La sabiduría de la aceptación y del crecimiento personal. Así la entiendo yo.
Soy consciente del rechazo que suscita en muchos esta frase, de cómo saltan defensivamente y con resistencias hacia ella y hacia quien la pronuncia, pero para mí –que parto siempre de mi experiencia personal– es un mantra que me serena ante el dolor, me reconforta ante la pena y me alienta ante la alegría. Me hace estar en el presente.
Todo lo que me ha ocurrido en estos años (y ya sumo unos cuantos) ha sido necesario para estar donde estoy y ser quién soy. Sin las experiencias vividas, sentidas, disfrutadas o lloradas no habría aprendido a MIRAR la  vida, a encontrar ese hilo conductor que da sentido a lo que pasa a mi alrededor, a saber esperar, a aceptar.
Cuando me he atrevido a usar estas palabras para consolar he encontrado caras de asombro, rechazo o incredulidad, pero también de alivio, de agradecimiento y de liberación. Y es que reconocer que la aceptación de nuestra realidad es la única salida válida y sana ante el desconcierto, la incertidumbre y el dolor libera, y mucho.
Seguiré usándola y seguiré repitiéndola. Al menos, hasta que pierda este sentido en mí.
viernes, 31 de marzo de 2017

Tocar o no tocar…

El rincón del optimista
Juan

Conozco personas que les gusta tocar, personas que tocan a las personas, claro. Suele coincidir que a estos conocidos/amigos también les gusta abrazar, más que besar. Y quizá resuma demasiado con la expresión ‘tocar’ cuando en el fondo debería decir… utilizar el tacto como modo de comunicación entre semejantes, algo altamente recomendado, por no decir terapéutico. Y ojo, que lo de tocar ahora está casi mal visto porque rápidamente te puedes encontrar con una denuncia a tus espaldas por acoso o por salido/a. Bueno, exagero un poco, ya lo sé.

La reflexión viene al caso de una publicidad que me encontré hace poco trasteando por Internet donde anunciaban el ‘Babocush’, un aparato que, para que se entienda lo que es, transcribo literalmente el texto del anuncio: “Es desgarrador escuchar llorar a tu bebé, pero gracias a la tecnología esto puede cambiar. Babocush es una almohada diseñada para sostener al bebé de forma segura, en la posición perfecta para aliviar cólicos y reflujos, vibra, se mece suavemente y tiene un latido regular que hace sentir al pequeño como si estuviera en los brazos de sus padres”. ¿No os parece alucinante? Con la excusa de que los niños lloran se inventa y te venden el artilugio de marras para evitar que llore y de paso no tengas que soportar la pesada carga de sostener (tocar) a la criatura. ¡Pero si el niño llora para comunicarse precisamente contigo, hombre, alma de cántaro! Que te está diciendo algo así como cógeme en tus brazos calientes. Mis hijos se mecían a ratillos en un pequeño balancín, pero esto ya se ha sofisticado de tal manera que uno no sabe qué pensar. Bueno, sí, pienso que todo está ideado para que se pierda el tacto o contacto padre/madre/hijo, que se deje de tocar a los demás, ya sea bebé, niño, joven, adulto o viejo y, dejémonos de rodeos, que sean las máquinas las que finalmente cuiden y críen a nuestros retoños. Lo próximo… “El robot Facundo, que le da el biberón a tu hijo, como si no fuera de este mundo”.

Hay cosas que os confieso que me gustan bastante, casi diría que me encantan, del avance de la vida, de la ayuda que nos prestan las tecnologías, los aparatejos pero, qué queréis que os diga, hay otras de las que reniego, por no decir que aborrezco y creo que en esta línea ya lo he advertido en otros apuntes optimistas. ¿Cerrado a los avances? En absoluto, más bien diría receloso de la deshumanización que nos infunden.

Asín sea.

(*) Hoy hace justo 4 añines que empecé a publicar apuntes ‘optimistas’ en este bendito blog. Gracias por aguantarme. Si nadie dice nada en contra y al ‘jefe’ no le importa, como diría el personaje de Joe Rígoli, Felipito Tacatún…. “yo sigo”.

jueves, 30 de marzo de 2017

Objetivo: Consciencia

Jose Maria Doria
Presidente Fundador de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal

 “Quien tiene un proyecto, tiene un tesoro”

¿Nos hemos preguntado por qué actualmente surgen múltiples vías de crecimiento personal tratando de apoyar un cambio de rumbo?

Lo que hace unos años pareció ser moda de unos pocos, con la llegada de la Inteligencia Transpersonal y el Mindfulness se ha demostrado que es algo de mucho más calado.

Bien sabemos que desde tiempos remotos se ha honrado la llamada sabiduría. Aquellos sabios no sólo parecían haber conquistado la paz interior, sino que además señalaban caminos fiables para acceder a ella.

Desde que la revolución científica y tecnológica ha conformado el paradigma cognitivo del sapiens, echamos de menos conectar con la esencia y profundidad de uno mismo. Tal vez lo que ahora queremos es recordar aquella canción que nos devuelva al sosiego y la lucidez de una esencia perdida. La verdad es que, hoy por hoy, nos reconocemos como habitantes de la ansiedad y el estrés y, asimismo, no ignoramos que vivimos en una especie de “escapada hacia delante”, cada día más virtual.

El ser humano de nuestro tiempo se siente atrapado en una esclavitud consumista y racional que, a veces, más parece una enfermedad evolutiva que el progreso natural de un–ser–humano–en–el–flujo–de–la–vida.

Si nos abrimos a la verdadera escucha es muy posible que percibamos el clamor del alma humana que demanda del silencio y la presencia como el mejor abono para la paz interna.

Intuimos que el cambio anhelado sucede primero en nosotros, en cada uno, y poco a poco, más tarde, se da en una sociedad coherente con los valores humanos. Se trata de un cambio que ya está sucediendo en el mundo. En realidad un número creciente de seres están respondiendo a un impulso que “de dentro a fuera” convierte sus vidas en un proyecto:

El proyecto de hacer de sí mismos la obra de arte más gigantesca de la historia: superar el sapiens y devenir plenamente conscientes

Bien sabemos que no se trata del despliegue de súper–poderes o de capacidades paranormales; sabemos que se trata de una ampliación de la visión que conlleva ofrecer lo más amoroso y lúcido de uno mismo. Y sin más razonamiento o esfuerzo, brota un estado de confianza que años atrás conformó la utopía transmitida por los sabios axiales de la humanidad.

Hoy sucede lo que un día atrás la humanidad supuso que podría suceder; sucede que la expansión de la consciencia es una realidad imparable por la que de pronto, en una mañana como otra cualquiera, se expande la percepción interna… Sucede de pronto que nos damos cuenta: ya nada será igual que antes, y atestiguamos que aquel proyecto que un día fue casi un ideal por el que crecer y expandirnos, está sucediendo…

¿Qué significa devenir conscientes?

Significa un estado interno de profundo discernimiento y goce que nos ha visitado en momentos especiales y que nadie olvida.

¿Quién no ha sentido de pronto que todo era relativo y perfecto tal cuál es? ¿Quién no ha sentido alguna vez que su mente dejaba ya de hacer juicios sobre unos y otros, y fluía en comprensión compasiva? Y asimismo, ¿quién no ha observado cómo su mente se enredaba en amenazas futuras y, de pronto, como si hubiese pasado un ángel, volvía al sosiego del ahora, sabiéndose plena?

Lo más probable es que reconozcamos tales chispazos de vida consciente que desgraciadamente se esfumaron tras dejarnos un sabor de boca de sencillez y calma.

Bien sabemos que nuestro ego no cesa de buscar ansiosamente reinos mejores en el “ahí fuera”. De hecho, ¿quién no se cansa de manipular el mundo creyendo que cuando las cosas sean distintas será por fin feliz? ¿Y quién no sospecha que esa plenitud que buscamos ya lo somos en el muy dentro?

¿En qué beneficia devenir consciente?

Si hasta ahora hemos tardado miles de años de evolución cognitiva para lograr tener una mente y vivirnos más o menos equilibrados en ella, terminamos por reconocer que, paradójicamente, es el ego mental lo que nos lleva al temor, al deseo y a la anticipación de la incertidumbre. Bien sabemos que la mente funciona como una máquina bien programada por aspectos genéticos, educativos, sistémicos…, y también que en alguna medida somos esclavos de creencias y “pautas” inconscientes que condicionan nuestra persona.

En realidad, a lo largo de nuestra historia hemos dañado y matado por ideas, hemos cometido daños irreparables por creencias, y la verdad es que el sufrimiento humano circula alrededor de la dramatización, el victimismo y de modelos mentales que funcionan entre el pasado y el futuro. Somos esclavos de la ignorancia y la inconsciencia, y repetimos pautas como entidades programadas con elementos pensantes ingeniosos, pero poco compasivos, violentos y temerosos.

Y si bien el Sapiens liberó al Neanderthal de los instintos primarios y de mecanismos biológicos que lo colocaban a la altura del chimpancé –con todos los respetos hacia los chimpancés–, la actual revolución de la consciencia abre la puerta de seres suprasapiens o supraconscientes que han devenido capaces de observar sus procesos pensantes y sintientes, y abrir nuevas opciones a circuitos compulsivos y fanáticos, que nos han venido dominando.

Ahora el poder está en quien dispone de una mayor cantidad de opciones; en quien es capaz, asimismo, de sostener situaciones emocionales sin adoptar posturas reactivas ante las que posteriormente puede arrepentirse. El poder emergente se llama autoconsciencia, y la nobleza de esta nueva especie humana –transapiens– la constituyen, simplemente, aquellos que se están dando cuenta… Incluso de que se dan cuenta. Se trata de aquellos que comienzan a despertar del sueño de la mente.

¿Cómo se logra devenir consciente?

No vamos a caer en la tentación de hacer un mapa en dos palabras y con un “Ábrete Sésamo” resolverlo todo. Mapas hay muchos y, en general, la mayor parte de personas que lee artículos como éste, conocen muchos de ellos. La propuesta de este momento es tan sólo la de confiar en que eso está sucediendo, de que las cosas ocurren por sí solas. Los árboles crecen y el Universo se expande. Se trata de reconocer que de “ahora en ahora”, caminamos de aquel Neanderthal a la promesa de los dioses.

¿Podemos terminar proclamando que quien hace de su vida un proyecto evolutivo tiene un tesoro? Sin duda, sí y mil veces sí.

El hecho de vivirse en el proyecto de crecer y cooperar con toda forma de vida en pro de su alivio y despliegue es, sin duda, una fuente de sentido existencial que a quien llega, regala sin límite. Un tesoro que no tiene precio y cuyo disfrute nadie puede comprar.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Debes saber

50.000 suicidios en España en lo que va de siglo
A finales de febrero el Instituto Nacional de Estadística ha publicado las cifras sobre las causas de  fallecimientos en España en 2015.
El suicidio se mantuvo como la primera causa de muerte externa, con 3.602 fallecimientos, 2680 hombres y 922 mujeres (un 7,9% menos que en 2014). Por detrás se situaron las caídas accidentales (con 2.783 muertes y un aumento del 1,2%) y el ahogamiento, sumersión y sofocación accidentales (con 2.672 y un incremento del 12,7%).  Por accidente de tráfico fallecieron 1.880 personas (1.430 hombres y 450 mujeres), lo que supuso un 0,4% más que en 2014. Recordamos aquí, que la Delegada del Gobierno para la Violencia de Género, Blanca Hernández,  indicó a principios del pasado año que en 2015 murieron 57 mujeres víctimas de la violencia de género, tres más que 2014.
Por comunidades autónomas, Asturias y Galicia poseen las mayores tasas de suicidio por 100.000 habitantes, mientras que las menores las registran Extremadura y la Comunidad de Madrid, situándose la tasa media estatal en 7,76. Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla mantienen tasas, muy por debajo de la media nacional e inferiores a todas las comunidades.
El Teléfono de la Esperanza considera necesario trasladar a la sociedad española algunas reflexiones con motivo de la publicación de estas cifras:
· En primer lugar, compartir nuestra satisfacción por el descenso anual de un 7,9% de las cifras oficiales de fallecimientos. Sin embargo, las muertes al día han  descendido solamente una décima., lo que significa 9,9 suicidios por jornada.
· Estamos sorprendidos de la escasa repercusión mediática de las muertes por suicidio. Mientras que las víctimas de los accidentes de tráfico o de la violencia de género tienen una amplia cobertura y se emplean cuantiosos medios para su prevención y erradicación, el suicidio sigue siendo el gran olvidado. Esto a pesar de duplicar a las del tráfico y multiplicar por 60 a las de la violencia machista.
La OMS aconseja, desde el 2002, que se dé visibilidad al suicidio con normalidad, por tanto, piden a los periodistas "alejarse de las leyendas urbanas que tanto daño hacen. Y nos referimos a esa leyenda que dice que hablar del suicidio produce un efecto contagio". Hablar adecuadamente del suicidio ayuda a prevenirlo.
· No entendemos el retraso con el que se publican estas estadísticas y la falta de un análisis en profundidad de las mismas. Sobre todo cuando comparamos este trabajo con el que se nos ofrece de las cifras  macroeconómicas o el seguimiento de las víctimas de tráfico o de la violencia. Esto tiene su importancia dado que la baja disponibilidad y calidad de los datos disponibles mediatiza la posibilidad de establecer políticas adecuadas de prevención.
· Estamos convencidos, y en esto coincidimos con muchos otros profesionales, que muchos suicidios consumados son contabilizados como muertes naturales o por accidente. Las razones son múltiples, pero sin duda el tabú y el ostracismo que rodea a estos fallecimientos tiene mucho que ver.  Respecto a los intentos frustrados las estadísticas del INE son poco serias, sin ir más lejos José Antonio García Marcos, como miembro de un grupo de profesionales sanitarios estudiosos del tema, denuncia que en la provincia de Segovia el INE registra 2 intentos fallidos y ellos tienen registrados ciento treinta casos en 2015.
· La experiencia acumulada por nuestra ONG en 45 años de historia nos ha enseñado que el suicidio es una de la formas de morir más trágicas y dolorosas. El suicida muere solo y el grado de sufrimiento que tiene que soportar antes de terminar con su vida es difícilmente comprensible para quienes no hemos vivido esa experiencia. Hemos aprendido que a ese sufrimiento personal hay que añadir las severas secuelas emocionales que provoca en su entorno socio-familiar y que, en muchos casos, acompañan de por vida a los afectados. La experiencia nos permite afirmar con rotundidad que la conducta suicida se puede prevenir.
Aprovechando la publicación de las estadísticas, el Teléfono de la Esperanza quiere trasladar a la opinión pública algunas propuestas para avanzar en el camino de la prevención:
  • Necesidad de un Plan Nacional de Prevención del Suicidio que genere un  marco para la creación de planes autonómicos y dotación presupuestaria para su puesta en marcha y ejecución.
  • Mejora de la Atención Primaria de salud en referencia a la detección de personas en riesgo.
  • Incrementar la calidad de los servicios de Salud Mental hoy colapsados y con escasos recursos humanos y económicos, al tiempo, que se  implementan campañas que aminoren el estigma social que acompaña al enfermedad mental.
  • Plan de formación para sanitarios, profesionales de la enseñanza trabajadores sociales, personal de los servicios de emergencia y de los cuerpos de seguridad, y trabajadores en el ámbito de tercera edad incorporando la prevención del suicidio a los planes curriculares.
  • Solicitar al INE una mejora sustancial en los estudios estadísticos.
  • Apoyo y escucha a las organizaciones dedicadas a la prevención y a aquellas que aglutinan a los afectados y sus familias.
  • Compromiso de los medios de información para ofertar una comunicación veraz y preventiva, dando visibilidad al problema y a las estrategias preventivas.
  • Plan de actuación en la Redes Sociales para la detección temprana de riesgo de los más jóvenes.
El Teléfono de la Esperanza, con sus limitaciones, está trabajando en estas líneas de actuación. Hemos establecido contactos con el Congreso de los Diputados para presentar una Proposición No de Ley en relación a un Plan Nacional de Prevención. Hemos colaborado en la creación y puesta en marcha de planes preventivos en Navarra, La Rioja y el Ayuntamiento de Málaga. Mantenemos una coordinación permanente con Facebook para la prevención en las redes sociales. Aprovechando el 10 de septiembre, Día Internacional de la Prevención del Suicidio, organizamos una campaña de concienciación en todo el territorio nacional. Y tenemos previsto lanzar una plataforma nacional de ONGs y asociaciones de afectados para relanzar un proyecto común de concienciación social e institucional. Puesta en marcha del Programa MeMind para la prevención en el colectivo de enfermos con problemas de salud mental.
Entre tanto, seguimos con la tarea cotidiana de atender telefónica y presencialmente a los afectados y sus familias. En 2016, recibimos 1.517 llamadas de temática suicida de las cuales en 32 de ellas el llamante declara que el acto suicida está en curso. Ofertamos atención terapéutica a 730 personas con riesgo de conducta suicida, realizando un total de 4.918 sesiones terapéuticas. Y contestamos 11.321 llamadas consideradas preventivas dadas la situación de riesgo de los llamantes.
Desde estas líneas os invitamos a todos a sumaros al esfuerzo común de concienciar y prevenir el Suicidio.