El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
Blog
sábado, 10 de junio de 2017

Aquí

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Arco de entrada. Foto Jesús Aguado 
Ando rondando últimamente los lugares que fueron de mi infancia; el pueblo donde pasaba los veranos con mi abuela; donde aprendí a mirar las estrellas, a escuchar las campanas y los pájaros, a contemplar los colores de la tierra y el cielo, a sentir la brisa meciendo espigas; el lugar donde empecé a escribir y a escuchar historias.
Del lugar sólo queda eso: el sitio físico. Las personas que me acompañaban entonces se han ido y la casa –que yo creía inmensa e invencible- ha sido derruida.
Pero me basta cerrar los ojos para percibir por los otros sentidos aquello que la vista me niega. Puedo oler las virutas y el serrín del taller de la sierra de madera, la mezcla de fuego y hierro de la fragua y los guisos en el hornillo. Puedo percibir el tacto del adobe y la cal de las paredes. Y reconocer las voces de aquellos que me rodeaban. Puedo sentir las vibraciones en el ambiente, inalterables tras el tiempo transcurrido.
Y al dormir, cuando la mente anda sin control, he soñado con aquellos años, he vuelto a ver el sol escurriéndose por las ventanas de la galería, he comido lo que mi abuela preparaba, he entrado de nuevo en aquella panadería y en casa de la lechera. He jugado. He ido a hacer la compra. He bailado, he reído y he llorado.
Y he despertado.
No sé dónde se van los que dejan este mundo. Pero sé, por experiencia propia, que aquellos a los que quisimos están siempre en nuestra vida, a nuestro lado. Y permanecerán eternos, al menos, hasta que nosotros también nos vayamos.
viernes, 9 de junio de 2017

Ríete a carcajadas



- Mamá, ¿qué haces en frente del ordenador con los ojos cerrados?
- Nada, hijo, es que Windows me dijo que cerrara las pestañas...

- Hola, ¿cómo te llamas?
- María de Los Ángeles, ¿y tú?
- Daniel de Nueva York.

¿Qué le dice una impresora a otra?
¿Esta copia es tuya o es impresión mía?

- ¿Este vino, de dónde es?
- De Islandia, creo.
- ¿No pone la ciudad?
- Tetravrik.
miércoles, 7 de junio de 2017
martes, 6 de junio de 2017

Decálogo para los familiares que conviven con una persona que padece una depresión

El rincón del psiquiatra
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra

Para conseguir el equilibrio entre las tendencias de la persona deprimida y el resto de la familia, habrá que tener en cuenta "algunos consejos prácticos" para reestablecer  la armonía cuanto antes. He aquí los diez más importantes:

I.-La depresión no tiene una lógica aristotélica (causa y efecto), y por tanto no podemos angustiarnos buscando una sola razón, que justifique esa situación clínica. La explicación más aceptada hoy día es que el depresivo tiene una vulnerabilidad biológica, a la que hay que sumar factores psicológicos (circunstancias estresantes, acontecimientos vitales, etc.) y sociales  que favorecen la aparición del trastorno depresivo. Por este motivo, no podemos alimentar el sentimiento de culpa que aparece con frecuencia en los familiares, como si la depresión fuera el resultado sólo de las acciones que se han realizado. Más bien, hay que fortalecer una actitud de comprensión y de solidaridad con el sufrimiento del familiar, que a veces se puede concretizar en la toma de decisiones de algunos cambios en la dinámica familiar (horarios, jornada de trabajo, etc.). 

II.-No podemos presionar al depresivo con cuestiones como: ¿me quieres explicar, de una vez, que es lo que pasa o por qué te encuentras así? ¡Por la sencilla razón, de que él tampoco conoce la respuesta!  No le eche sermones ni le ridiculice. Cuente con él y con sus opiniones. La depresión, aunque dificulta el normal desarrollo de la persona, no la convierte en alguien inútil y sin criterio.

III.- Es un error querer convencer al depresivo para que salga de la depresión. Esta es un estado emocional que no se corrige sólo por la voluntad. La salida de la depresión no es solamente cuestión de la voluntad y de coraje, sobre todo en los primeros estadios de la misma. Con posterioridad habrá que ir  exigiendo al paciente, cuando los síntomas depresivos hayan disminuido, que comience a normalizar su vida en cuanto a horarios y actividades.

IV.- Evitar los enfados con la persona depresiva. Ella no está así por gusto. La   convivencia con una persona depresiva no es fácil, pero esto no justifica las malas contestaciones o las impaciencias. 

V.-Los viajes, las fiestas, las vacaciones no suelen solucionar nada. A veces, es peor el remedio que la enfermedad, pues el depresivo se siente más culpable y más triste al comprobar que, pese al empeño de su familia, no sale de la depresión.

VI.-Es importante facilitar un clima de comprensión hacia el depresivo, que no es sinónimo de permisividad absoluta; ni tampoco dejarse tiranizar por él, admitiendo todas sus demandas y reproches. Sobre todo cuando aparezcan las ideas suicidas debemos procurar crear un clima de confianza  e incluso facilitar que exprese sus ideas de muerte. En este sentido, todos los autores están de acuerdo en afirmar que es más beneficioso poder verbalizar a la madre, esposo, hijos o amigos la intencionalidad de muerte, pues de esta manera ponemos como una barrera para consumar el acto suicida y además es una forma de, si es necesario, poder pedir ayuda profesional.

VII.- Es necesario aplazar las decisiones fundamentales. Cambiar de trabajo, mudarse de casa, separarse, etc., son hechos importantes en la biografía de todo sujeto; y por esto, es preciso un clima de serenidad y tranquilidad para tomar esas alternativas. La depresión es una mala consejera.

VIII.- La depresión es una enfermedad y como tal es un trastorno que tiene su tratamiento y su tiempo de evolución. En principio, la depresión dura un tiempo, más o menos largo, pero siempre tiene un final. Es decir, debemos hacer hincapié en que el pronóstico es favorable y su carácter temporal. Además, habrá que insistir en la necesidad de tomar el tratamiento farmacológico prescrito, durante el tiempo que el profesional considere oportuno, pese a que los síntomas depresivos hayan desaparecido. No hay que olvidar que un tratamiento psicoterapéutico siempre es necesario.

IX.- Desechar razonamientos como: "Estás así porque quieres", "lo que te pasa es que no tienes fuerza de voluntad", "todos tenemos bajones, pero es que tú los exageras mucho". Es comprensible, que en algún momento del tratamiento antidepresivo, el familiar (padre, madre, pareja o hijo/a) sienta rabia, cansancio, incomprensión o incluso gran malestar ante el familiar deprimido, pero no por esto debe dejar de ayudar y acompañar en el duro camino de la superación de la depresión.

X.-Una información veraz y adecuada ayuda a relajar las tensiones familiares y favorecer la recuperación del depresivo y de sus allegados. Por esto, es aconsejable en algún momento del tratamiento antidepresivo (farmacológico y/o psicoterapéutico) que los familiares consulten al psicólogo o psiquiatra sobre la forma más adecuada de comportarse con el familiar que padece una depresión.

Estos diez “mandamientos” se cierran en dos: 1) amarás a la persona que sufre una depresión por encima de todo y 2) tendrás en cuenta las necesidades del resto de los miembros familiares y las tuyas propias.

lunes, 5 de junio de 2017

El peregrino

Luis Cernuda


¿Volver? Vuelva el que tenga,
tras largos años, tras un largo viaje,
cansancio del camino y la codicia
de su tierra, su casa, sus amigos,
del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
sino seguir libre adelante,
disponible por siempre, mozo o viejo,
sin hijo que te busque, como a Ulises,
sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto.
domingo, 4 de junio de 2017

Entrevista a Pablo d’Ors

Lluís Amiguet
LA VANGUARDIA

Pablo d’Ors, consejero pontificio del papa Francisco; fundador de Amigos del Desierto. Foto: Xavier Cervera

El baño de la realidad
Anclados en nuestras rutinas, fantaseamos con viajar al Himalaya, las Seychelles o el Taj Mahal porque olvidamos que el viaje no es adónde, sino con quién... Y el primer con q uién tiene que ser con uno mismo: descubrir el ahora en el silencio y que estás aquí no para ser alguien, porque ya lo eres; ni para ser más que otros, porque nadie es más ni menos que nadie. Para encontrarse a uno mismo, basta con dejarse ser en el baño de lo real; más revelador que cualquier fantasía de poder o escapismo. Para empezar ese viaje de tu vida, debes regalarte tiempo, explica D’Ors en Biografía del silencio, y seguir técnicas de meditación milenarias, pero aún imprescindibles para no acabar viviendo la vida de otros.
El hombre sabio sintió que su final se acercaba y quiso morir en el bosque. Y sus discípulos le siguieron y le pidieron que les dijera su última palabra. Y él dijo: “¡Fuego!” y murió. Entonces, el bosque empezó a arder.
¿Cómo lo entiende usted?
Es el poder de la palabra. La palabra puede transformar la realidad, pero sólo el silencio nos transforma a nosotros mismos.
Deme otro kwan por resolver.
Hasta que no seas el último y te sientas el primero no habrás resuelto tu kwan.
Ese tiene eco cristiano y universal.
Los kwan son acertijos taoístas que el maestro da al alumno, pero no para que los resuelva, sino para que se resuelva a sí mismo.
El kwan te piensa a ti.
Te piensas en él y en sus siglos. La meditación no tiene por qué ser religiosa, pero es más fácil practicarla en tradiciones milenarias como la cristiana, la budista o la taoísta.
¿En qué se parecen esas tradiciones?
Podemos razonar los problemas con palabras; ellas enseñan a respirarlos en silencio.
¿Nos enseñan a solucionarlos?
No es eso. No intente aprovechar el tiempo; trate de entregarlo. La meditación no es para el crecimiento personal; no es para aprovechar el tiempo; sino para regalártelo a ti mismo o regalárselo a Dios si eres creyente.
¿Me regalo un ratito de nada?
De silencio. Porque sólo oyes la palabra en la medida en que es concebida en el silencio.
El silencio escasea en esta era digital.
La hiperconectividad nos dispersa la mente y genera hambre de silencio y de desierto.
¿Perderse para huir de las redes?
El desierto en la tradición cristiana es metáfora del propio interior; en la zen es el vacío.
¿Ir al desierto es no hacer nada?
¿Qué es no hacer nada?
¿...?
Muchos creen que vivir intensamente es saciarse de mil experiencias, pero es al revés: estamos hechos para la intensidad; no para la cantidad. Aprender a vivir es dejar de soñar con nuestras aventuras para encontrarnos a nosotros mismos.
Yo creía que no hay logros sin sueños.
A mí me ha costado cuatro décadas aprender a dejar de soñar conmigo mismo. Pero ahora sé que la meditación enseña a sumergirse en la realidad y a hacer lo que haces. Sin mentiras ni sueños.
¿La fantasía no ayuda a digerir lo real?
Soñar es encerrarse en la prisión de lo irreal, pero no hay nada más liberador que la realidad. La mejor fantasía es infinitamente peor que tu realidad cuando la descubres. Meditar es sumergirse en la realidad y darse un baño de ser. Y, créame, es un alivio.
Pues acaba usted de acabar con el cine.
Al menos con cierto cine escapista y con el último mito de Occidente: el amor romántico. El amor auténtico no tiene nada que ver con el romántico, que lo espera todo; el amor auténtico lo da todo sin esperar nada: es real.
Es que en vez de encontrarse con otro ser humano hay quien espera la lotería.
El amor romántico es esa falsa esperanza de que otro te dé de repente todo lo que te falta en la vida. Por eso, porque es pura fantasía, se troca fácilmente en odio o indiferencia.
Al cabo, era una expectativa egoísta.
Esa exaltación del amor romántico como argumento de venta provoca abismos de desdicha en nuestra sociedad. Porque nadie puede darte todo lo que te falta si no sabes encontrarlo por ti mismo.
¿Cómo?
La meditación facilita esos vislumbres de lo real, que son sólo momentos que nos permiten captar quiénes somos de verdad. Pero esos momentos no llegan con talento o esfuerzo, sino con entrega: como llega el amor.
¿En qué consiste su técnica?
Hay dos modos de conocernos: el analítico y el sintético. El analítico requiere la pala-bra; el sintético, el silencio. Son las dos caras de la misma moneda, pero sólo la palabra fraguada en el silencio hace diana en el ser.
¿Pienso, es decir, no pienso y ya está?
Al meditar en silencio desenmascarará las falsas ilusiones. La mayor parte de nuestra energía la malgastamos en expectativas ilusorias que desaparecen cuando las tocamos.
¿Cuál es la peor ilusión?
El ego. Por eso, cuando encuentras a quien sólo vive para adorar la ilusión de su ego...
Narcisos tóxicos, los llaman ahora.
...te entristeces y, en cambio, con sólo estar ante una persona auténtica, rejuveneces.
Entrevistar aquí a algunas es un goce.
Dejar de adorar a tu ego es lo más difícil...
El silencio –dijo aquí Melloni– no es la ausencia de ruido, sino la ausencia de ego.
El ego es afán de posesión, pero a medida que te distancias de esa ilusión, vas madurando y poco a poco ves con mayor claridad y se ilumina la realidad. Y así te vas dando cuenta de que no necesitas ser importante; ni te hace falta ser más que otros; ni siquiera ser alguien, porque ya lo eres todo: eres tú.
¿Ser auténtico es ser generoso?
A menudo, creemos que basta con dar...
¿No es eso?
...pero toda ayuda resulta superficial hasta que descubres que yo soy tú; que tú eres yo y que todos somos uno.