El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
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viernes, 30 de junio de 2017

Perdido

El rincón del optimista
Juan


Tendría yo 4 ó 5 años cuando una mañana de sábado me llevaron mis padres a realizar unas compras a Sahagún, cabecera de comarca del sur de León donde se enclava mi pueblo. Con mi madre de la mano entramos en una ferretería a la que se accedía subiendo dos escalones. Una vez dentro, recuerdo haberme quedado embelesado mirando la gran cantidad de artilugios, aparatos y cachivaches que colgaban de paredes y techos de aquella tienda fantástica. Menuda aventura para los ojos de un niño inocente que no había salido de los límites de un pueblo de poco más de 40 casas. Cuando retorné la vista en busca de mi madre, ella había desaparecido. Sin la seguridad de su mano, mi primer pensamiento fue el de que me había abandonado a mi suerte. Actué por impulso, no había alternativa, bajé los escalones de la ferretería y emprendí caminata calle abajo por el camino que recordaba de llegada. Mi madre, que había accedido al almacén con el dependiente a ver un muestrario de cortinas o algo similar, se llevó el gran susto al ver que su hijo pequeño no estaba en la tienda donde le había dejado. Comenzó a llamarme a gritos, pero yo estaba lejos, su voz no me alcanzaba. Instintivamente salió del comercio por la misma calle que yo había tomado segundos antes y llegó a mi encuentro, pues ya había regresado yo sobre mis pasos al llegar a un punto donde no llegaba a alcanzar la figura protectora de la madre. Recuerdo con total nitidez ese pasaje y lo rememoré cientos de veces cuando mi madre lo relató en las sobremesas interminables de las reuniones familiares.
Unos 35 años después de aquel sucedido, estaba una noche con mi familia en el ferial de atracciones de las fiestas de San Juan de León, cuando en un momento dado alguien preguntó dónde estaba Darío, mi hijo pequeño, que entonces tendría 4 ó 5 años también. Se había perdido entre la muchedumbre. Fue angustioso el medio minuto que tardamos en localizarle a pie de la última atracción donde permanecía llorando de la mano de un feriante piadoso. Ese día volví a  recordar cuando me perdí en Sahagún y entendí perfectamente a mi madre cuando relataba la angustia que pasó al no verme en el interior de aquella vieja ferretería.
Llegué a concluir que mucho peor que perderse es sin duda perder a quien amas.
Espero que tengas un buen mes de julio, un buen verano.
Asín sea.
jueves, 29 de junio de 2017

Cómo te sientes

Pedro Miguel LAMET
El sol y el sauce llorón, en Revista 21, 2016

Imagina que las ramas de un sauce llorón forma una cortina natural delante del sol durante un amanecer en Maollnow, Alemania. Puede servirnos para la meditación de hoy. ¿Con quién te identificas, con el sol del amanecer o con el sauce llorón? Quizás con los dos, porque en todos nosotros conviven la alegría y la tristeza.

Pero investiga de dónde nace tu tristeza. Le echamos la culpa a lo que llamamos la realidad, las limitaciones de la vida. Antes me quería, ahora no me quiere. Antes estaba sano, ahora estoy enfermo. Antes tenía esto y aquello, ahora no lo tengo.

Pero esos problemas no están ahí, sino en mi modo de verlos, en la mente humana. En mis apegos, en mis miedos. Tan claro es que en la realidad no están los problemas que, si yo desaparezco, la realidad sigue su camino, como si nada: el trigo crece en el campo, el panadero sigue horneando pan, y alguien hace el amor o da a luz. Eres tú el que se siente herido, es tu yo-mente el que sufre. Tú eres libre para unirte a la nube de negatividad, de tristeza, de llanto, o dejarla pasar, no identificarte con ella y mirar más a fondo, donde siempre eres sol de amanecer.

¿Quieres aplauso, glamour, riqueza, posesiones? Te equivocas, tú puedes ser feliz sin todo eso. Tú no eres tus apegos. En la Bhagavad Gita, el libro sagrado de los hindúes, el Señor Krishna dice a Arjuna: “Aunque esté hundido en el fragor de la batalla, él mantiene su corazón el mantiene su corazón a los pies de loto del Señor”. Y el gran Maestro Eckhart: “Dios no se alcanza mediante un proceso de adición a nada en el alma, sino por un proceso de sustracción”. Ignacio de Loyola lo llama ponerse “indiferente”, situarse en aquello para lo que he sido creado, en el amor. Di ahora: “Más allá de las lágrimas soy amor”.

La gente exclama: “Me siento bien porque el mundo está bien”. Eso es incorrecto. Debes decir: “El mundo está bien porque me siento bien”.

“Aunque diera todo a los pobres y mi cuerpo a las llamas –escribe Pablo-, ¿de qué me serviría si no amo?”. Esa es la clave. Pero si amas, no acapares, no intentes conformar al otro a tu imagen. Deja ser al otro como es, no como quieres que sea. Porque los lazos que se basan en deseos son muy frágiles. Hoy la sociedad nos tiene programados: “Sé como te dice mamá publicidad”. Frase genial la de Tony de Mello: “Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi amigo, y es mi melodía la que me hace feliz; y cuando mi amigo se va me quedo lleno de su música”. Se trata de mirar al sol que amanece más allá de del sauce llorón. Conéctate con el sol, pues él siempre está ahí.

miércoles, 28 de junio de 2017

Cómo mirar la vida




En ti está la herramienta para ver la mira
De ti depende cómo mirarla
¿Buscas excusas? Las encontrarás.
No renuncies a dirigir tu vida
martes, 27 de junio de 2017

Mi experiencia

R. M. Arias


“Lo que viene conviene”, esta frase es para mí ya una máxima. Así vino el curso de mindfulness, porque era el momento. Y  ahora que se terminó, pienso que vino en el momento apropiado, cuando lo necesitaba, sin ser yo consciente y sin saber la magnitud que podía alcanzar.
“Consciencia plena”, ¿qué es?, cuando siempre voy en piloto automático;  sin darme cuenta, ni de lo uno, ni de lo otro, porque vamos en piloto automático, nos estrellamos y no paramos.
Mindfulness es para mí, “párate, escúchate, siéntete, acógete”  y todo fluirá de manera armoniosa.
Con mindfulness aprendí a que lo que venga lo integramos,  deshaciendo el hábito de evitar, con toda la carga emocional que tenga, con todas las sensaciones físicas que conlleva.
Aprendí  a considerar los pensamientos como son; no son hechos, incluso aquellos que dicen que sí lo son. Los pensamientos no soy yo.
Aprendí a respirar mi cuerpo, sin nivel de exigencia y autocrítica.
Aprendí  a hacerme amiga de los miedos, de aquello que me desborda, a respirar mi auto-exigencia y expirar mi perfeccionismo.
Aprendía a meditar,  a observarme  desde fuera  y a saber que yo soy lo que siempre he buscado y que a partir de este momento me acompañará siempre.
lunes, 26 de junio de 2017

Medicina alternativa: ¿fraude o sabiduría? (y II)

Enrique Martínez Lozano
Psicoterapeuta


En el tema que nos ocupa, me parece que la postura obstinadamente cerrada a lo que habitualmente se nombra como “medicina o terapias alternativas” manifiesta ignorancia múltiple –y con frecuencia arrogante– en campos específicos de la ciencia, así como desprecio infundado de una sabiduría milenaria –china o india, en el caso de lo que estamos hablando–, sobre la base de un no confesado etnocentrismo que sigue sorprendente y virulentamente vivo.
En nombre de la “ciencia” –en realidad, del paradigma científico social y oficialmente aplaudido–, se desconocen, ignoran o desprecian los avances que se han ido produciendo en los campos de la ciencia física (cuántica), de las ciencias de la vida (de un modo particular, la epigenética) y de las neurociencias.  
Por lo demás, no es necesario ser un científico –ni siquiera un periodista dedicado a la divulgación científica– para saber que, como reza el título de un libro recomendable del físico Carlo Rovelli, “la realidad no es lo que parece”
Conscientes –y ese es su modo de avanzar– de que es la ciencia la que echa por tierra postulados “científicos”, como ha ocurrido con la emergencia de la física cuántica, sería bueno mantener despierto el espíritu crítico frente a cualquier promesa milagrosa, pero sin caer en el extremo opuesto que absolutiza nuestras “creencias” previas, por temor a que sean cuestionadas.
Cuando, desde Einstein, es una evidencia científica que materia y energía son, en última instancia, lo mismo, ¿qué rigor científico puede exhibir quien niega la eficacia de un tratamiento “energético”? Cuando la visión holística de lo real es algo científicamente comprobado, ¿quién podría poner en duda que todo repercute en todo –los pensamientos y las emociones en la salud física–, sin caer en una arrogancia ignorante?
Desde los experimentos de Vladimir Poponin hasta los de Konstantin Korotkov, pasando por todos los estudios acerca de la modificación del ADN –que podría ser reprogramado por palabras y frecuencias determinadas– y los campos de energía o biocampos, nos hallamos en un momento histórico de auténtica eclosión científica que, al menos, debería fortalecer nuestra apertura y nuestra humildad, sin caer en la credulidad infantil y sin cerrarnos a aquello que pueda producirnos, de entrada, “disonancia cognitiva”
Suena a arrogancia, a la vez que insulto a la inteligencia, afirmar con rotundidad que “no hay nada más”.  Y, sin embargo, ese parece ser el presupuesto implícito de los artículos a los que estoy haciendo referencia. Lo intelectualmente honesto y riguroso solo puede adoptar esta formulación: “No sé nada más”.
Es precisamente la reiteración de ese tipo de artículos en El País, así como el hecho de que todos ellos, sin excepción que yo conozca, adoptan ese mismo “tono” que, al tiempo que exige y presume de “rigor científico”, se mantiene anclado en un paradigma que ha empezado a quedar obsoleto en todos los campos –desde la física hasta la medicina–, lo que despierta en mí una tercera reacción: la sospecha de que, tras esas tomas de posición reiteradas, existan intereses ocultos, por parte de quienes no están dispuestos a perder las ganancias que les aporta el hecho de que todo siga como está. Me refiero, obviamente, a la poderosa red de laboratorios farmacéuticos y las tretas que utilizan para que sus mastodónticos beneficios no se vean menguados, aun a costa de la vida de multitud de seres humanos –recuérdese la película “El jardinero fiel”, basada en la novela homónima de John le Carré– y, por supuesto, frenando en todo lo posible aquellos descubrimientos científicos que cuestionan las bases “tradicionales” en que se asientan.
...la primera parte de esta reflexión fue publicada el martes pasado 20 de junio. Para recordarla puedes volver a leerla en este mismo blog.
domingo, 25 de junio de 2017

Soledad




Alguien dejó escrito esto en un muro de la ciudad
Es un juego de palabras para pensar
¿Qué es la soledad?
Invitamos a los amigos del blog que dejen su opinión.
¿Compartes la frase?
sábado, 24 de junio de 2017

Despacito

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena


Ahora que está tan de moda la canción, que se ha traducido a múltiples lenguas, que se han hecho diversas e inverosímiles versiones, que se ha adaptado su música a todo tipo de situación (por increíble que parezca) y que no hay nadie que no la haya tarareado alguna vez o varias… Ahora, podríamos tomarnos en serio no ya la letra sino el título.
En estos días de prisa por finalización de cursos, colegios, contratos, horarios… en que muchos de nosotros queremos terminar cuanto antes y como sea, nos vendría bien un poco de “despacito” para no agobiarnos y –lo más importante– para no agobiar a los que están a nuestro alrededor.
Estoy un poco harta de asistir a reuniones donde a los cinco minutos se empieza a meter prisa por acabar, donde se posponen acuerdos o toma de decisiones para un futuro mejor lejos que cerca, donde la ansiedad por escapar se palpa en el ambiente, donde no hay tiempo para otra despedida que no sea marchar corriendo.
Tanta prisa ¿para qué?
Tal vez si nos tomáramos la vida un poco más despacio, haciendo cada cosa en cada momento, dedicándonos a nada más que lo que nos ocupa en el presente, no viviríamos tan estresados, tan al límite, tan corriendo de un lado a otro –muchas veces, me temo, sin saber exactamente adónde–.
Y casi lo más triste de todo es que la prisa se convierte en actitud. Una actitud que nos acompaña en cada acción que realizamos. A ver si a fuerza de repetir y escuchar tantas veces “despacito” se nos va pegando algo de calma.