El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
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martes, 5 de diciembre de 2017

Amarse




Cuánto más te ames, menos amor necesitarás. Por lo tanto, al no necesitarlo, no construirás ni sostendrás relaciones conflictivas. Sólo vendrán a tu vida personas de luz y sabiduría, y si no fuera así, se marcharán rápidamente. Al no necesitar amor te expresarás siempre como deseas y seguirás a tu corazón todo el tiempo, ya que no tendrás miedo al rechazo, ni al juicio, ni a la soledad, ni a la carencia o al abandono. Como tu corazón estará lleno de ti, sentirás que el mundo entero es más pequeño. Sentirás que el mundo está dentro de ti y no tú dentro de él. Todo lo disfrutarás en su justa medida. Saldrás al cine, a cenar, harás deporte y otras actividades, pero nada, absolutamente nada, te dará un placer mayor que cuando cierras los ojos y sientes ese amor en tu corazón; ese amor que te ganaste tras años de sanar y aceptar tus heridas; tras años de permanecer en silencio; tras años de hacer lo que viniste a hacer a este mundo sin distraerte: evolucionar. De eso se trata el camino espiritual: de no distraerte. 
Si te distraes, procura siempre que sea a plena conciencia. Elige la distracción pero nunca permitas distraerte inconscientemente y engañarte con que la felicidad está afuera. Usa al mundo pero no permitas que te use a ti. Disfruta de todo pero no necesites nada. Tienes que lograr vivir de tal manera que puedas prescindir de las personas y de los objetos. Esa será la prueba de que has recuperado el contacto con tu alma.
lunes, 4 de diciembre de 2017

Fiesta de Navidad




Un encuentro sabroso
Siempre es grato juntarse las personas que se aprecian y se quieren y juntas mirar en la misma dirección.
Siempre es una satisfacción compartir la comida y los anhelos.
Siempre llena nuestro espíritu de concordia compartir esperanzas y alegrías.
Siempre es hermoso sentirnos unidos en el camino de la esperanza.
Siempre es grato contar un chiste, cantar una canción, ensayar una adivinanza.
Siempre es grato sentir que está más cerca el día en que tendremos nuestra propia casa.
Siempre es agradable compartir el baile entre todos y los sueños y la vida.
Todos estos sentimientos se unieron en León el día 2 de diciembre al celebrar nuestra fiesta navideña de familia telefonera, como se puede ver en las fotos que se despliegan.
domingo, 3 de diciembre de 2017

Taller de meditación

Maite


Mi experiencia del taller de meditación la puedo resumir en los siguientes aprendizajes:
Escuchar lo que mi yo interno me dice.
Llegar a la calma, la serenidad y el sosiego desde lo más profundo de mi.
Observar conscientemente lo que acontece sin juzgar ni querer cambiarlo.
Acoger mis grandezas y mis miserias aceptando que son mías.
Compartir miradas, abrazos, caricias llenas de mensaje, transmitir y recibir sentimientos a través de los sentidos.
Decir tanto sin pronunciar una palabra.
Reencontrarme con mi niña interior, escucharla y abrazarla.
Aprender a estar más consciente, más centrada, viviendo cada momento con más detalle y provecho.
En una palabra VIVIR VIVA, es para mi la palabra "MEDITAR", después de haber hecho este taller en el que he tenido calor humano, cercanía, complicidad y del que quedo profundamente agradecida tanto al coordinador- Valentín-  como todas mis compañeras.

sábado, 2 de diciembre de 2017

No me juzgues

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena
Desolación. Foto Jesús Aguado
No quiero que me juzgues cuando te hablo de un determinado comportamiento que tuve o voy a tener. Ya sé que no lo dices con palabras, que no me cortas, que no me aconsejas, pero tu dura mirada me habla de crítica, de censura, de juicio.
No quiero que me digas si está bien o mal aquello que te cuento para poder escucharme a mí misma. Si necesitara tu opinión te la pediría honestamente, pero, de momento, solo te he pedido escucha.
No quiero tener que recurrir a excusas más o menos válidas por no atreverme a defender mi opinión ante tu argumentada y férrea crítica. Hago lo que veo o intuyo en cada momento, como lo haces tú, aunque los resultados sean tan distintos.
Nos suena ¿no?
Seguramente todos hemos experimentado alguna vez ese aplastante y desagradable sentimiento de sentirnos juzgados (no escuchados) criticados (no comprendidos) y etiquetados (no entendidos). Buscando serenidad, encontramos guerra. Buscando liberación, encorsetamiento. Buscando acogida, un descarnado y demoledor espejo de nuestro dolor.
Y seguramente, en tales situaciones, hemos decidido cambiar de estrategia y no acudir a quien nos juzga de esa forma. Buscarnos la vida de otra manera.
Entonces ¿por qué nos asombra que otros hagan lo mismo ante nuestra falta de escucha? ¿Por qué nos molesta que no acudan más? ¿Por qué creemos que nosotros no juzgamos ni etiquetamos ni aconsejamos sibilinamente?
Tal vez, antes de lanzar proclamas sobre el escaso reconocimiento y agradecimiento de quien acudió una vez a nosotros, convendría revisar nuestra forma de escuchar. A ver si descubrimos algo ahí.
viernes, 1 de diciembre de 2017

Ponle humor




Se ha provocado un incendio en el zoo... Sospechan de las llamas.
Aparece un pez en una sala de cine... Se podría decir que era un mero espectador.
Cliente mata al abogado que le defendía... Debió de perder el juicio.
Hospital agota las existencias de anestesia... Se acabó lo que sedaba.
Mueren varios matemáticos... Se cree que por un ajuste de cuentas.
Hombre deja a su mujer culturista por una zaragozana...  Más vale maña que fuerza.
Agotadas las existencias de cigarrillos en el país... Se teme que la gente pueda pasar apuros.
Afroamericano se pelea con toda la plantilla de una tienda de ropa... ¡El negro pega con todo!
Sara Carbonero declara que odia a su suegra... Seguramente le saca de sus Casillas.
Los padres de Pau Gasol se fueron de viaje de novios al camino de Santiago... Se dice que hicieron un alto en el camino.
La NASA sufre un recorte de presupuesto... Se ve que no están para tirar cohetes.
jueves, 30 de noviembre de 2017

Rejuvenecer

El rincón del optimista
Juan


Qué contentos nos ponemos cuando alguien nos dice: “Qué joven te encuentro”; “Parece que por ti no pasan los años”. Esto no deja de ser un poco ilusorio, pues sabemos que el tiempo pasa inexorablemente, que todos envejecemos, que el camino tiene una meta final. Hay que ser conscientes de ello.
Algún libro y guion cinematográfico ha tratado el asunto del envejecimiento invertido, es decir, que naces viejo y con el paso del tiempo vas rejuveneciendo. Qué bonito sería, ¿verdad? A mí me gusta echarle imaginación en este campo y afirmo con rotundidad que la edad no está en el DNI sino en la cabeza. Lo digo sobre todo cuando cumplo años porque, la verdad sea dicha, me sigo sintiendo joven. No me preocupa cumplir años ni tampoco me agobia el paso del tiempo. Más bien disfruto de ello. La mejor prueba de lo que digo es que en muchas ocasiones me olvido de la edad exacta que tengo y me veo en la necesidad de hacer números teniendo en cuenta el año en el que nací y en el que estamos ahora.
La infancia y la juventud fue tan bonita, guardamos tan buenos recuerdos de aquellas etapas (al menos la mayoría, imagino) que tenemos deseos ardientes de regresar a aquellos momentos felices que vivimos. Asumimos que nos estamos haciendo mayores. Lo comprobamos cuando vemos fotos de años atrás. No podemos por menos que comparar los cambios que se han producido en nuestra cara, en nuestro cuerpo, con la aparición de pliegues, de arrugas, de canas…
Insisto en la idea del rejuvenecimiento. Mi tío Pepe leía diariamente las esquelas del periódico y cuando alguien moría con 60 u 70 años decía: “Qué joven”. Sé perfectamente que vamos para viejos, que caminamos hacia la meta de la muerte, pero aun así estoy convencido (espero que tú también) de que nuestra juventud no ha pasado del todo. No es una resistencia a lo inevitable, es simplemente engrasar neuronas, sonreír, mantener la mentalidad positiva/optimista para ‘fabricar’ endorfinas de esas que producen la felicidad, las de la eterna juventud. Y así tendremos la garantía de que moriremos jóvenes.
miércoles, 29 de noviembre de 2017

Todo pasa

Enrique Martínez Lozano


Tú no eres nada de lo que pasa; eres “Eso” en lo que todo pasa.
Sabemos que todo es impermanente, porque hay “Algo” que es estable.
Todo pasa, porque hay “Algo” que no pasa.
Lo real no cambia; lo que cambia no es real.

Un estudiante fue hasta su profesor de meditación y le dijo:
̶ ¡Mi meditación es horrible! Me distraigo completamente, mis piernas me duelen, o estoy constantemente quedándome dormido. ¡Es horrible!
̶ Ya pasará–, dijo irónicamente el profesor.
Una semana después, el estudiante volvió hasta su profesor:
̶ Mi meditación va de maravillas. Me siento tan consciente, tan apacible, tan vivo… ¡Es maravilloso!
̶ Ya pasará–, contestó irónicamente el profesor.
Es bueno recordar que todo pasa. Las emociones no son permanentes. Hay momentos de alegría y momentos de tristeza. El camino es aceptarlo como parte de nuestra naturaleza.
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Cuenta una leyenda que hace muchos años, un Rey de un poderoso reino convocó a sus sabios y consejeros, y les dijo:
— He encargado a mis joyeros un precioso anillo, en el que deseo grabar una frase que me ayude e inspire en mis momentos desesperados. Una frase que me ayude a tomar decisiones. Una frase que me ayude cuando me sienta perdido. Una frase que me ayude a ser un Rey más justo, sabio y compasivo
Sus asesores y consejeros, los sabios más cultos del reino, se dispusieron a escribir las frases más extraordinarias. Pero el Rey las rechazaba. No le llegaban. No eran suficiente.
Como suele ocurrir en las leyendas, apareció, de no se sabe dónde, un anciano, humilde, pero que de algún modo transmitía seguridad y sabiduría. Le dijo:
— Majestad, ha llegado a mis oídos que busca una frase, la frase que le sirva en las situaciones complicadas de la vida.
— Efectivamente, contestó el Rey.
— ¿Crees que puedes ayudarme?
— Tengo la frase en este papel.
El Rey, raudo e impulsivo, se dispuso abrirlo; pero el anciano le dijo que no podía leerla hasta que estuviera en una situación desesperada. Sin saber muy bien por qué, pero sintiendo la certeza de que debía seguir el consejo del anciano, guardó el papel, y además le ofreció al anciano ser su acompañante.
Unas semanas más tarde, el Rey se vio metido en una gran emboscada. ¡Estaba desesperado! ¡Huía con su corte por el bosque, tratando de escapar de quienes le perseguían! Pararon en un claro, miró al anciano, que a su vez le miraba tranquilo y confiado, y recordó el papel. Lo sacó, lo leyó. Decía: “Esto también pasará”.
El desconcierto que sintió en un primer instante, poco a poco se transformó en calma y confianza. ¡Efectivamente! ¡Esto también pasará! El Rey estaba entusiasmado. Casi de manera automática respiró profundamente, aliviado.
— ¡Gracias, gracias!, le repetía una y otra vez al anciano. Esta es la clave. ¡Por fin!
A lo que el anciano respondió, sonriendo, lleno de amor y compasión: “Esto también pasará”.

Aunque no lo creamos, aunque estemos en un el peor de los momentos, hemos de tener la certeza de que todo pasa. Lo único que permanece es el cambio, como dijo hace ya mucho tiempo el sabio griego. Todo pasa. Ese momento terrible pasa. Pero ese momento de extrema excitación y placer también pasa.
No existe el placer sin el dolor. Ni la alegría sin la tristeza. Ni el valor sin el miedo. Es la VIDA. La VIDA en la que TODO PASA, y por la que todo pasa.
Esto que tanto te preocupa ahora… también pasará… Y eso que tanto te gusta ahora… también pasará.

Y en todo momento recuerda:
 Tú no eres nada de lo que pasa; eres “Eso” en lo que todo pasa.
Sabemos que todo es impermanente, porque hay “Algo” que es estable.
Todo pasa, porque hay “Algo” que no pasa.
Lo real no cambia; lo que cambia no es real.