El que da, no debe volver a acordarse;
pero el que recibe nunca debe olvidar
Blog
viernes, 31 de mayo de 2019

Quema lo que tienes





«Cuando me mudaba de una casa a otra
había muchas cosas para las que no tenía espacio.
¿Qué podía hacer? Alquilé un trastero.
Y lo llené. Los años pasaron.
De vez en cuando iba allí y miraba,
sin que nada ocurriera, ni una sola
punzada en el corazón.
Cuantos más años cumplía, las cosas que me importaban
eran cada vez menos, pero más
importantes. Así que un día rompí el candado
y llamé al basurero. Se lo llevó
todo.
Me sentí como el burrito al que
finalmente le quitan la carga de encima. ¡Cosas!
¡Quémalas, quémalas! ¡Haz un hermoso
fuego! ¡Habrá un espacio en tu corazón para el amor,
para los árboles! Para los pájaros
que nada poseen – la razón por la que pueden volar».


Poema de Mary Oliver, del libro
Felicity y la sabiduría de sentirse viva
jueves, 30 de mayo de 2019

Autoestima

Julia P.

Hoy quiero compartir mi experiencia como participante en uno de los Talleres de Autoestima del Teléfono de la Esperanza. Me siento muy afortunada, y creo hablar en nombre de mis compañeras y compañeros también, por haber podido disfrutar de semejante oportunidad y, sobre todo, de haberlo hecho con el grupo con el que he tenido la suerte de coincidir.
Nuestros días de reunión durante diez semanas han sido los lunes. El primer día es, en todos los cursos y talleres del Teléfono de la Esperanza, el de presentación: del funcionamiento de la asociación, del del taller, etc. Ese día todas estábamos nerviosas, a la expectativa por saber qué y con quién nos encontraríamos, pensando que sería gente con la que compartiríamos lo más íntimo de nuestro ser; con muchas ganas de empezar, también; y, por parte de algunos (entre los que me incluyo), hasta con un poco de desconfianza: ¿Se nos arreglarían los problemas? ¿Se nos pasaría ese malestar vital que a veces nos sobrevuela? ¿Conseguiríamos confiar más en nosotras mismas? ¿Funcionaría, en definitiva, el curso? Y con las compañeras y compañeros, ¿nos sentiríamos bien, acogidas, respetadas? ¿Nos entenderíamos?
Poco a poco, lunes a lunes, todas estas dudas se fueron disipando. Desde el principio el Taller ha sido un espacio de acogida, amor, respeto y compañía; pero a medida que pasaban las sesiones, los lunes dejaron de ser el inicio de semana cuesta arriba para convertirse en una puerta llena de posibilidades que nos moríamos de curiosidad por abrir. Los lunes devinieron un día especial, de encuentro y escucha de las demás, pero sobre todo de una misma. Un día de descubrimiento, de apertura personal para ir hacia delante y poder crecer. Un día dedicado a conocernos mejor, a homenajearnos.
Creo que algunas de las preguntas que nos hacíamos el primer día no eran las más adecuadas. El curso no puede ser, ni lo pretende, una fórmula para la felicidad instantánea y perpetua, un remedio para nuestros problemas. Pero sin duda alguna, a mí este taller sí me ha servido. Me ha dado herramientas que ya a día de hoy puedo aplicar para afrontar dificultades o situaciones complicadas que se me presentan. Creo conocerme un poquito mejor y, sobre todo, estar preparada para ir aceptando todo aquello que descubro de mí misma. Me escucho, más a menudo, hablándome de forma comprensiva, cariñosa, dándome ánimos en vez de regañándome; tal y como haría con una amiga. Siento renovada mi curiosidad por este mundo maravilloso que nos rodea, aún y el estrés y las obligaciones.
En definitiva, para mí el Taller de Autoestima ha sido una vivencia muy especial, y es sinónimo de amor, confianza y personas valientes.
Gracias de corazón, Maite, por darnos esta oportunidad y gran experiencia.
Gracias compañeras y compañeros por vuestra compañía en este viaje, vuestros ejemplos de valentía y fortaleza, y vuestro calor.
miércoles, 29 de mayo de 2019

Gracias





«Acabo de decirte
algo
ridículo
y en respuesta,
tu gloriosa risa.
son estos los días
en los que el sol
se desliza de vuelta
al este
y la luz en el agua
parece que reluce
como nunca antes.
No puedo recordar
cada primavera,
no puedo recordarlo
todo –
¡son muchos años!
¿Son los besos de la mañana
los más dulces
o los de las tardes
o los de los intermediarios?
Todo lo que sé
es que “gracias” debería aparecer
por alguna parte.
Así que, por si acaso
no puedo encontrar
el lugar perfecto–
“Gracias, gracias”».
martes, 28 de mayo de 2019

En la inauguración ...

Una mañana de luz

Pablo

… Alguna vez había oído que existía una institución en León llamada Teléfono de la Esperanza, que atendía a través de esta vía, acogía, consolaba, y más etcéteras, a personas que acudían a él en demanda de escucha por una situación de algún tipo de desvalimiento en su camino vital, y, desde el silencio de mi corazón, me sentí, de algún modo, vinculada con esta tan hermosa como necesaria iniciativa. Y, casi de pronto, sin que recuerde quién me puso en contacto con el Teléfono de la Esperanza de León, entré una tarde de otoño en su sede, y me mostraron la oferta de varios cursos a cual más inspirador. Elegí el titulado “Aprender a vivir”. Su duración se prolongó unos meses en convivencia y sintonía con otras personas, sin duda tan necesitadas y anhelantes como yo, de poder avanzar en la “asignatura” siempre inconclusa en mayor o menor grado y de igual título: aprender a vivir, en el camino por el que cada cual discurre cada día.

Gran contenido en los diferentes cuadernillos y en las actividades propuestas por la responsable del taller, con su método de trabajo, verdaderamente novedoso y muy interesante. Van unidas a la condición humana: grandezas y miserias. Aprendemos y, ay, olvidamos estrategias, propuestas, reflexiones, para ver de sanar nuestro interior, pero venimos, por lo general, y con cierta frecuencia, a continuar en el mismo lugar de partida. O no…

Han pasado desde entonces unos años y sigo sintiendo que formo parte de esta maravillosa, admirada y admirable familia del Teléfono. Del Teléfono con mayúscula.

… Y aquella mañana, que da título a estas palabras, nacidas a borbotones de mi corazón, entré en la nueva sede, invitada a su inauguración. Y me invadió la luz. Luz en la estancia y luz que percibí, sin ambages, en todas y en cada de las personas, recepcionistas, de cuya enumeración huyo, porque siempre es un riesgo de olvidos injustos y, digamos, imperdonables, aunque todas ellas han optado por la humildad, que persiguen siempre quienes eligen en la vida “ir al grano”, lejos de ego alguno.

El salón estaba repleto: responsables de este proyecto solidario, voluntarios, socios, simpatizantes, etc., que escuchamos encantados los testimonios de aquellos hombres y mujeres de bien que han hecho suyo un lema que se me ocurre que bien podría concretarse así: lo que somos y lo que tenemos sólo nos pertenece, o debería pertenecernos, una parte, una pequeña parte, la otra, lo demás, les pertenece a los otros y, muy en particular, a los que están necesitados de nuestra solidaridad, de nuestra escucha, de nuestro abrazo, de nuestra mirada acogedora.

Ejemplar y admirable su testimonio.

Quedó patente que la ciudad de León no está sola. El Teléfono está con ella, y su línea abierta, sin tregua alguna.

En este tiempo de aparente comunicación entre unos y otros, con tantos y tan variados medios a nuestra disposición, va a ser que no estamos tan “hablados” y tan escuchados como pudiera parecer. Y, en el fuero interno de muchas personas, de menos y de más edad, subyace una gran soledad y/o una ausencia de rumbo. Y es aquí donde abre su corazón el voluntario, que está al otro lado de la línea, para intentar atenuar el sufrimiento, para conducir, con su escucha, a la luz. Otra vez la luz. Siempre la luz.

… Y no se me ocurre mejor modo de concluir estas líneas que con esta cita del gran Dalai Lama:

“Casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo, nacen de una actitud de aprecio por los demás”.

Con gratitud y afecto,

lunes, 27 de mayo de 2019

Una experiencia en Kadampa

Pax Vostrum
Beatriz

Este mes me gustaría compartir contigo mi experiencia en un taller de meditación al que asistí en el centro de Budismo Kadampa en Palma de Mallorca.
Uno de mis días de vacaciones de Semana Santa, por mi curiosidad, afán de conocer y por casualidades no casuales que no te voy a contar para no “enrollarme”, acabé apuntándome a un taller de meditación en dicho centro.
La experiencia fue muy enriquecedora, no solo por las prácticas de mindfulness y meditación que aprendí, sino también por los mensajes que nos transmitió la monja que lo impartía, mensajes que explican porque sufrimos y porqué hacemos sufrir a los demás, y que puedo resumir en estos tres puntos:
- “Yo soy más importante que tú”.  Vivimos queriendo ser más importantes que los demás, queremos tener razón, queremos ser más inteligentes, más sabios, más guapos, más simpáticos, más sociables, más exitosos...
No paramos de compararnos y vivimos con el afán de querer ser los mejores en algo y no de manera saludable.
En muchas ocasiones, por nuestra condición social, nuestra economía, nuestra religión, creencias, trabajo, físico..., nos creemos más importantes y merecedores que los otros..., olvidando mirarnos a los ojos y así darnos cuenta de que todos somos iguales, con las mismas luces y las mismas sombras, con virtudes y defectos...
- “Mi felicidad es más importante que la tuya”. Nos desvivimos por ser felices y conseguir acercarnos al placer y alejarnos del dolor, independientemente de los daños colaterales y de que ello pueda hacer daño a otras personas. Si pensáramos cada vez que hacemos algo las consecuencias que se pueden desencadenar y el daño que podemos estar causando a los otros con nuestros actos..., probablemente dejaríamos de hacer muchas cosas.
- “Soy egoísta y no veo más allá de mí y mi historia personal. Vivo desde el obtener el mayor beneficio y placer en mi vida”. Esta tercera tiene que ver con las dos anteriores. Vivimos en nuestra historia personal, en nuestra realidad, enfocados en nuestro yo y no vemos a nadie más. Se nos olvida mirar al otro, entregar nuestro tiempo al otro, estar presentes para el otro, dejarnos de lado para aportar algo a los demás.
Después del taller, estuvimos hablando un buen rato con Kelsang Rigma (la maestra budista) mientras saboreábamos un té y la experiencia se hizo más enriquecedora si cabe. Nos contó que ella provenía de una familia de Albacete, pudimos ver su lado más humano y entrever que todo lo que predicaba lo hacía desde la práctica continua y el ejemplo.
domingo, 26 de mayo de 2019

Curso de asertividad

Marian


Hacía  varios años que no realizaba ningún curso en el Teléfono de la Esperanza, y  mi interior me pedía que tenia que hacer alguno por todo el beneficio emocional que me han aportado.  Esta vez quería  que me ayudara  a DARME CUENTA de los  fallos que a veces tengo en mis relaciones personales porque las consecuencias  son  dolorosas. De los que impartían me decante por el de ASERTIVIDAD, me pareció el más idóneo en este momento de mi vida, por la finalidad que quería.
El fin de semana de 8-9 y 10 de marzo inicie dicho curso, asistiendo  al seguimiento de seis semanas; una vez por semana y de dos horas de duración, habiendo sido finalizado el 6 de mayo.    
El grupo estuvo formado por 10 personas,  en el desarrollo del mismo  hubo muy buenas vibraciones. Mucha participación. La escucha se desarrolló con  respeto,  enseñanza, confidencialidad, sin emitir juicios, tratando de comenzar o avanzar en el camino que cada uno vimos  que nos encontramos. 
Qué beneficioso es cuando en un  grupo sientes que  la comunicación es de corazón a corazón,  para mí ha sido todo  un regalo. El esfuerzo realizado para poder asistir me ha  compensado con  creces.
Los dos coordinadores nos han dado unas enseñanzas muy claras, concretas,  concisas y con  un gran dosier.
Como siempre he transmitido en otros G.D.P., Talleres y Cursos que he realizado,  para mí el curso ha comenzado desde el día siguiente que lo finalicé.
Brevísimas pinceladas de las enseñanzas recibidas
-  La persona asertiva es la que dice: "NO", sin dañar a los demás.
-  El asertivo es la persona que marca sus límites y defiende sus derechos; está muy ligado a la inteligencia emocional
-  La persona asertiva habla en 1ª persona. Me quiero. Me deseo. Me acepto. Me perdono.....
-  La persona asertiva es la que se siente seguro consigo mismo..
-  Los conflictos entre las personas surgen principalmente de dos actitudes:
- Invadimos el territorio de los demás, o,
- dejamos que los demás  invadan nuestro territorio"
Para finalizar. Mi agradecimiento: a los coordinadores, a mis compis, y a la organización de la O.N.G. Teléfono de la Esperanza para que se sigan realizando los G.D.P, Talleres y Cursos que para mí son de gran valía .
sábado, 25 de mayo de 2019

Necesitaba escuchar

La Escribana del Reino
M. E. Valbuena

Necesitaba escuchar eso que tantas veces me digo y repito: “lo que viene, conviene” y lo he escuchado de una persona que, atravesando su crisis, me ha mirado y me lo ha dicho. Y no es teoría ni cuento. Es una afirmación de quien está sufriendo.

Necesitaba escuchar en otra voz distinta a la mía eso de que “la vida tal vez no te da lo que quieres, pero sí lo que necesitas” y mi hija me lo ha hecho llegar sutilmente.

Necesitaba escuchar un “gracias” y lo he recibido en forma superlativa.

A veces necesitamos escuchar nuestras mismas palabras en otros para confirmarnos, para que nos suenen como nuevas y nos las apliquemos sin pensar que son simples mantras de supervivencia.

Creo firmemente que la vida nos da lo que necesitamos para aprender y crecer y que, por cada golpe de dolor, nos ofrece un bálsamo de alivio. Creo que todo tiene un sentido, aunque en ocasiones cueste verlo. Y creo en el poder energético de la palabra gracias (que, por cierto, cada vez se escucha menos).

Cuando nuestras creencias se tambalean y nos hacen dudar, resulta necesario –al menos para mí– que alguien que las comparta nos las recuerde. Y así me ha pasado. Tratando de analizar y de encontrar sentido a los últimos acontecimientos que he vivido, he escuchado lo que necesitaba, a modo de campanillas que reclaman la atención. Aunque aún no alcance a ver el sentido último, el sonido de las campanillas me invita a confiar.

Y así, confiando, probablemente me llegará lo que espero escuchar. Y si no me llega, señal de que no lo necesito.